Durante años, la transición del impreso a digital se resolvió con una lógica práctica: si el contenido ya existía, también debía publicarse en la versión digital. Esta decisión fue comprensible en una etapa temprana de la transformación. Hoy, ese enfoque merece una revisión profunda.
Digital no es un contenedor adicional del papel. Ahora estamos trabajando en un entorno con dinámicas propias, audiencias con hábitos distintos y expectativas específicas. Trasladar contenido sin adaptación no solo limita su alcance, también diluye su valor editorial.
En esta entrega de Hablemos Editorial planteamos una pregunta incómoda, pero necesaria: ¿todo el contenido concebido para print debe trasladarse tal cual al entorno digital, o es momento de asumir que cada plataforma exige decisiones editoriales propias?

Migrar no es lo mismo que transformar. El error no está en llevar contenido del impreso a digital. El problema aparece cuando ese traslado se hace sin replantear su función.
Un texto pensado para lectura lineal, tiempos largos y contexto compartido no siempre funciona igual en un entorno dominado por búsqueda, escaneo rápido, consumo fragmentado y actualización constante.
En digital, cada pieza necesita justificar su presencia. La pregunta clave no es si el contenido puede publicarse, sino si tiene sentido publicarlo tal como está.
Algunas piezas:
* requieren contexto adicional para ser comprendidas,
* funcionan mejor como contenido de referencia o archivo,
* ganan valor si se actualizan o se reformulan,
* necesitan más elementos gráficos o audiovisuales
* Simplemente, no se relacionan a la audiencia digital y no tienen caso publicarlas.
Y es que decidir no publicar también es una decisión editorial. Pasar de una lógica de herencia —todo lo que existe se publica— a una lógica de curaduría consciente permite alinear el contenido con objetivos reales: audiencia, relevancia, posicionamiento y sostenibilidad.
Como mencionamos en la pasada entrega, en digital, el valor no está en la cantidad de piezas publicadas, sino en la claridad del propósito de cada una.
En este punto, las plataformas editoriales juegan un rol clave. No se trata únicamente de facilitar la publicación, sino de ofrecer visibilidad sobre qué contenidos funcionan, cuáles pueden reutilizarse con sentido y dónde conviene enfocar los esfuerzos del equipo.
Soluciones como las que impulsa Tresite permiten ordenar el archivo, analizar el desempeño del contenido y acompañar a las redacciones en la toma de decisiones informadas, evitando la reproducción automática de modelos que ya no responden al contexto actual.
La transformación digital no se completa cuando todo está en línea. Se completa cuando cada contenido tiene una razón clara para estar ahí.
Alcanza más audiencia, mejora la calidad de tus contenidos, monetiza, reestructura tu redacción, optimiza recursos e incrementa el tráfico a tus publicaciones.
Tu transformación empieza aquí